domingo, 29 de mayo de 2011

Éramos dos...

Dispuesta a quedarse llegó. Al principio me complacía, tenía ese gustito de chimenea que se enciende cotidianamente, a ritual que subyuga, que se yo... Olía a café y a tostadas chorreando aceite de oliva por las mañanas. Y el sonido al oído de sus palabras: "te amo yeguo". ¿Cómo-uno-puede-ser-un-yeguo? Yo cabalgaba. Las sábanas enmarañadas. El lunes se quitan, se lavan, ya no se planchan. El martes ensayo, ella teclea. El miércoles damos una vuelta, la adjetivadora no para. El jueves no hago el amor, estoy extenuado. El viernes ensayo de nuevo. El fin de semana no salimos -es invierno, es el norte- hace mucho frío. En la tele los casting de "Fama", Beyoncé una y otra vez... Single Ladies... Single Ladies... "Si te ha gustado lo que has visto ¡Debes poner un anillo aquí!"
¡Oh my God! Éramos dos, ahora somos tres: la culebra -doña rutina- mi mujer, y yo.

martes, 12 de abril de 2011

Anuro

Vivía en el patio trasero y barrancoso de mi casa. A escasos metros, más allá, el monte. Y los pantanos, que trincaban camalotes cuando en el Río de la Plata, había creciente.
Pepe Alvaro (sin tilde) lo bauticé. Pepe porque lo encontré con mi primo José, y Alvaro por: Álvaro -un botija rubio que estaba dispuesto a todo con tal de desposarme- (lo veía tan valiente...).
 

Le llevaba comida, le cantaba y limpiaba con esmero el caminito que lo adentraba en su casa. Con siete años, despuntaba ya, mi astucia femenina. Sabía que detrás de todo sapo, podría esconderse un príncipe.



lunes, 11 de abril de 2011

Volver

Dejó profundas huellas en mi camino. No pude hacer otra cosa que quitarme los zapatos y colocar mis pies sobre el rastro de las pisadas que nunca desaparecieron. Con los años, se transformaron en estigmas tallados sobre mi cuerpo en éxtasis, de forma sobrenatural. Y así anduve la vida... a medias, siempre a medias. Tenía que encontrarlo. Hasta que por fin un día -luego de treinta y dos años, con tan solo un click en esta red de locos y poetas- leí la trama de una vida paralela, que buscaba un poncho marrón y blanco.
Ahora toca volar para besarlo. Tan solo espero que no sea un sapo. 
 
 
 



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